ABUELAS, NIÑERAS Y GUARDERÍAS: POLÍTICAS DE LAS SENSIBILIDADES DE TRABAJADORAS-MAMÁS EN LA PRIMERA INFANCIA
Gabriela Vergara
https://orcid.org/0000-0001-8078-1270
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas- CConfines- Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina
Email: gvergara@unvm.edu.ar
Title: Grandmothers, Nannies and Childcare: Politics of sensibilities of worker-mom in early childhood
Abstract: The article describes a politics of sensibilities that is articulated in the expression "worker-mums", women who provide part of the care, delegating it to nurseries, crèches, nannies and grandmothers. In the first part of the paper, the expansion and recognition by the state of a place for socialisation and/or education from the earliest years is historicised. Then it is contextualised with secondary data on enrolment at the initial level in Cordoba from 2011-2023. Thirdly, we define the approach of a Sociology of Bodies/Emotions, in articulation with the distinction between productive/reproductive work/labor, which allows us to interpret 15 semi-structured interviews conducted between 2021 and 2024, with worker-mothers, residents of small and intermediate localities in the interior of the province of Córdoba (Argentina). In the conclusions, we highlight the coexistence of women's horizons of action beyond their motherhood, the perception that parenting should be shared and the virtual as a way to carry out courses and a work activity, even when they are at home.
Key words: work/labor, motherhood, early childhood, sensibilities
Resumen: El artículo describe una política de las sensibilidades que se articula en la expresión “trabajadoras-mamás”, mujeres que resuelven parte del cuidado, delegándolo en guarderías, salas de cuna, niñeras y abuelas. Para ello, en la primera parte, se historiza la ampliación y reconocimiento desde el Estado, de un lugar para socialización y/o educación desde los primeros años. Luego se contextualiza con datos secundarios acerca de la matrícula de nivel inicial en Córdoba desde 2011-2023. En un tercer momento se define el enfoque de una Sociología de los Cuerpos/emociones, en articulación con la distinción entre trabajo productivo/reproductivo que permiten interpretar 15 entrevistas semiestructuradas realizadas entre 2021 y 2024, a trabajadoras-mamás, residentes en localidades pequeñas e intermedias del interior de la provincia de Córdoba (Argentina). En las conclusiones destacamos la coexistencia de horizontes de acción en las mujeres más allá de su maternidad, la percepción de que la crianza debe ser compartida y lo virtual como una vía para la realización de cursos y una actividad laboral, aun estando en el hogar.
Palabras clave: trabajo, maternidad, primera infancia, sensibilidades
Introducción
La discusión sobre los cuidados se corresponde epocalmente con procesos de reconfiguración de los hogares (tamaño, tipología), la postergación de la maternidad y los dilemas de los proyectos del yo-reflexivo (Giddens, 1995; Binstock, 2013) que ampliaron los horizontes existenciales de las mujeres más allá del mandato socio-biológico de la maternidad.
Es cierto también que gran parte de estas discusiones deben considerar a qué tipo de mujer nos referimos (según clase social, nivel educativo, edad, etnia, religión, etc.) pero en todo caso de la mano de la feminización del trabajo advertimos un constante ingreso al mundo del trabajo de mujeres, en tiempos de debilitamiento de la sociedad salarial. Así el sector servicios sociales y personales cuenta con niveles elevados de participación femenina (Arriagada, 2007).
La feminización del trabajo y las diferencias en las maneras de realización del trabajo de reproducción cotidiana en los hogares entre mujeres y varones (Carrasquer et al, 1998; Larrañaga et al, 2004) pone sobre el tapete quién cuida a las nuevas generaciones.
En Argentina, las mujeres aportaron a los ingresos deteriorados del jefe de hogar o se convirtieron en principal sostén ante la ausencia o desocupación de este (Jelin, 2006; Arriagada, 2007), con una expansión de la doble provisión, en todas las etapas del ciclo familiar (Wainerman, 2003).
Este fenómeno fue analizado hacia el interior de los hogares, indagando en los arreglos familiares sobre el cuidado que se ajustan según el tipo de trabajo, las condiciones y la clase social (Cerruti, 2002; Batthyány, 2007). Aún, en otro contexto sociocultural mujeres tailandesas reducen horas de trabajo e ingresos cuando se convierten en madres (Leurcharusmee y Chaiwan, 2024), fenómeno que se identifica cuando los hogares se clasifican por equidad hogar/trabajo entre ambos proveedores o cuando el trabajo de cuidado recae más en las mujeres reduciendo las horas de trabajo (Hall y McDermid, 2009).
En un contexto de crisis del cuidado y de la reproducción social (Fraser, 2016), la organización social del cuidado es un eje central para la sostenibilidad de la vida (Carrasco, 2003), fundamental para el presente y futuro de la sociedad, incluido el sistema productivo (Pérez Orozco, 2014). Aunque en algunos casos se prefiere hablar de la crisis de un modelo tradicional de cuidado caracterizado por la “familiarización del cuidado, b) la aplicación del modelo de familia nuclear como principio organizador de la división sexual y etaria del trabajo en el interior del espacio doméstico” (Ierullo, 2013: 95). Dicho cambio podría ser puesto en perspectiva dado que los hogares nucleares realizan menos funciones que el extendido (Pantelides, 1974).
En Brasil el impacto del incremento de plazas en guarderías públicas que se tradujo en “un 2,16% en el caso de mujeres casadas o que viven en pareja (...) los mayores efectos se dieron en el caso de madres con un nivel educativo menor ya que son más propensas a recurrir a guarderías públicas” (Cruz Castanheira, 2024: 6).
En Argentina, existe una heterogeneidad de instituciones dedicadas al cuidado en primera infancia: “Salas cunas, jardines maternales, guarderías, centros de desarrollo infantil, jardines comunitarios, centros de primera infancia” (Sarlé et al, 2021: 25).
Tras lo expuesto, en este artículo describimos una política de las sensibilidades que opera en trabajadoras-mamás que resuelven parte del cuidado en guarderías, salas de cuna, niñeras y abuelas. Para ello, en la primera parte, historizamos cómo se fue ampliando y reconocimiento desde el Estado un lugar para socialización y/o educación desde los primeros años. Contextualizamos, luego la matrícula de nivel inicial en Córdoba desde 2011-2023 y analizamos 15 entrevistas semiestructuradas realizadas entre 2021 y 2024, a trabajadoras-mamás, en localidades pequeñas e intermedias del interior de la provincia de Córdoba (Argentina).
En las conclusiones destacamos la coexistencia de horizontes de acción en las mujeres más allá de su maternidad, la percepción de que la crianza debe ser compartida y lo virtual como una vía para la realización de cursos y una actividad laboral, aún estando en el hogar.
La expresión de “trabajadoras-mamás” pretende dar cuenta de una política de las sensibilidades que se está configurando más allá del nivel educativo (es decir no sólo mujeres profesionales). Esto implica que hay una extensión o ampliación subjetiva-intersubjetiva que parece haber naturalizado más la condición de trabajadora y socializado la condición/posibilidad de ser mamá (a expensas del determinismo biológico).
Para quienes no tienen una “profesión” en el sentido formal del término (título de grado o similar que habilita al desempeño en una actividad laboral concreta), la educación no formal (cursos presenciales o virtuales de diversas temáticas y oficios) aparecen como una demanda, una necesidad de contar con más herramientas, de estar preparadas.
Esta política de la sensibilidad de las trabajadoras mamás las encontramos en localidades pequeñas e intermedias, en actividades como asalariadas en comercios, o en ámbitos de docencia, como trabajadoras por cuenta propia, o combinando dos o más actividades. La disponibilidad de opciones de cuidado más allá del propio hogar facilita la disposición a delegar parcialmente el trabajo de la reproducción cotidiana y social. En dicha delegación aparece además la necesidad de un tiempo para sí.
Más acá de las discusiones en torno a la necesidad de que las mujeres cuenten con autonomía de ingresos (lo que puede evitar situaciones de violencia de género), o las ventajas de mayor desarrollo de capacidades, nos parece necesario poner atención a las formas en que se configuran las sensibilidades que habilitan estas disposiciones.
Instituciones de ¿asistencia o educativas?: una larga historia
La infancia como categoría de construcción social permite advertir desplazamientos en el tiempo respecto a las discusiones sobre el cuidado. En el periodo colonial se distinguía entre infancias criadas al interior de los hogares y otras de las que debía ocuparse una institución específica. El Virrey Vertiz creó en 1779 la Sociedad de Niños Expósitos. Cuatro décadas más tarde, el gobierno de Rivadavia dejaría este espacio y otros similares en manos de la Sociedad de Damas de Beneficencia (Fernandez y Pineau, 2009).
Dos posturas se identifican desde fines del siglo XIX y principios del XX en torno ya, a los jardines de infantes en Argentina (país que contaba desde 1884 con la sanción de la Ley 1420 que establecía la educación primaria obligatoria, gratuita y laica). Por un lado, desempeñar una función educativa y ser extensión del hogar. Por otro, preparar para la primaria y reemplazar a progenitores en horarios de trabajo. La visión de Domingo Sarmiento iba en línea con permitir que sectores de bajos ingresos pudieran trabajar, ya que tenía conocimiento de las Cunas públicas y las Salas de Asilo francesas. Las primeras atendían niños desde los 18 meses hasta los dos años de edad y las Salas de Asilo, niños desde los 2 hasta los 7 años.
En los Jardines de las Escuelas Normales de la época, esto no ocurría porque iban niños de clase media o alta. En las dos miradas se apuntaba a sectores sociales distintos. La dinámica de los jardines de infantes se intensifica durante el siglo XX, incorporándose desde 1940 aproximadamente privados, y luego de 1949, más públicos. Hacia 1945, la provincia de Córdoba tenía 2 jardines de infantes, uno en la capital y otro en la ciudad de Río Cuarto (Rodríguez, 2020).
Hacia mitad de siglo XX se consolidó la masificación del jardín de infantes estatal con una muy importante presencia de los particulares que veían en este cambio de costumbres un mercado incipiente. Mientras que en 1953 funcionaban 1618 jardines oficiales y privados con un total de 64.632 niños y niñas matriculados; en 1962 en 1759 instituciones la matrícula ascendía a 100.392 niños y niñas (Fernández Pais, 2015). Luego de la dictadura militar en los ‘80 se consolida el concepto de “nivel inicial”, dejando de lado el de educación pre-escolar (Calvetti y Tomás, 2020). Tres décadas más tarde, en el año 1993, la Ley Federal de Educación (Ley 24195), menciona la educación para niños de 0-2 años como un aspecto a ser considerado por el Sistema Educativo. En esta ley, se define a la educación inicial e incluye al Jardín Maternal, constituido por el jardín de infantes para niños/as de 3 a 5 años de edad, siendo obligatorio el último año. Pero en 2006, la Ley de Educación Nacional establece que el jardín maternal abarca a niños/as desde los 45 días hasta los 2 años, y el Jardín de Infantes de 3-5 años.
Un año después, la Ley 26.233 crea, promueve y regula los Centros de Desarrollo Infantil dependientes del Ministerio de Desarrollo Social, resultando en una diversificación de ámbitos oficiales, la educación para la infancia. Por su parte, hacia 2020, sin haber sido reglamentada la Ley 27064 de regulación y supervisión de instituciones de educación no incluidas en la enseñanza oficial, se introduce una modificación en uno de sus artículos para crear el Registro Unificado de instituciones de educación no incluidas en la enseñanza oficial (Infoleg, s/d).
Las referencias a lo legal en más de 200 años en el país dan cuenta de la presencia de un fenómeno frente al que el Estado brindó diferentes respuestas más orientadas a lo asistencial o lo educativo, o bien a la socialización versus la educación, teniendo especial vinculación con la disponibilidad laboral de las mujeres, quienes durante todo el siglo XX incrementaron y sostuvieron su participación.
Si bien no hemos hallado información acerca de este registro unificado, en la Secretaría de Educación del Ministerio de Capital Humano se encuentran datos disponibles del sistema educativo formal. Así, para 2023, en Córdoba había en nivel inicial un total de 120.591 niños/niñas desde los 0-5 años, de los cuales el 80% se ubica en salas de 4 y 5 años. En el Gráfico 1, se presenta la captura de pantalla del sitio web oficial:
Gráfico 1. Nivel inicial en Córdoba (2023)
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Fuente: https://data.educacion.gob.ar/nivel/inicial-comun
La serie histórica desde 2011-2023 registra tendencias diferenciadas según el sector estatal o privado. No obstante ello, la tendencia en el período indica que en salas de 0-2 de Córdoba hay un incremento de matrícula. Tras un letra “M” que traza el primero, se registra un aumento en el periodo de casi un 38%, mientras que en el privado, del 14%, tal como puede observarse en el Gráfico 2.
Gráfico 2.- Matrícula según sector estatal o privado 0-2 años (2011-2023, Córdoba)
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Fuente: https://data.educacion.gob.ar/nivel/inicial-comun
En cambio, la asistencia a salas de 3 tiene un comportamiento ascendente muy superior con leves descensos entre 2020 y 2021. Así, la participación que inicia en la serie con 6.031 niños/niñas presenta un 172% de incremento 12 años después, en tanto que el sector privado lo hace en un 89%.
Gráfico 3.- Matrícula según sector estatal o privado 3 años (2011-2023, Córdoba)
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Fuente: https://data.educacion.gob.ar/nivel/inicial-comun
Ahora bien, como mencionamos en la Introducción, nos preguntamos acerca de las sensibilidades que habilitan como horizonte posible de crianza un lugar diferente al hogar, o al menos otra persona además de la madre, en un período de vida en donde los cuidados y la atención son constantes e intensivos. Por ello, en el siguiente apartado desarrollamos los aspectos conceptuales que nos permiten interpretar las entrevistas.
Trabajo reproductivo y sensibilidades y sus políticas
Desde una Sociología de los cuerpos/emociones (Scribano, 2012) agentes sociales son considerados por la condición corporal que es, dialéctica y simultáneamente individual, social y subjetiva (Scribano, 2007a). Esta corporeidad hace posible la aprehensión sensible del mundo a lo largo de una biografía y espacialidad que conforman tramas corporales (Vergara, 2012). La corporalidad individual es “una construcción elaborada filogenéticamente que indica los lugares y procesos fisio-sociales por donde la percepción naturalizada del entorno se conecta con el cuerpo subjetivo” (Scribano, 2012: 99). Este último es el modo en que autopercibimos el contexto, enraizado en la experiencia de un ‘yo’, eje de gravitación de prácticas. Por último, el cuerpo social comprende a las estructuras sociales que se in-corporan conectando a los dos anteriores. Estas condiciones corporales se entrelazan con otras: el cuerpo se percibe desde su capacidad de acción -cuerpo movimiento-, desde la imagen intersubjetiva de sí -cuerpo imagen- y desde la sensorialidad -cuerpo piel- (Scribano, 2007b).
Las políticas de las sensibilidades agrupan prácticas sociales que desde lo cognitivo y lo afectivo tienden a producir, gestionar y reproducir “horizontes de acción, disposición y cognición” (Scribano, 2017: 244). Estos horizontes abordan una dimensión temporal cotidiana de rutinas, preferencias y valores y maneras de administrar la relación tiempo/espacio. En otro lugar (Vergara, 2024) analizamos desde este concepto, experiencias de trabajadoras en una ciudad del interior.
La corporeidad se traduce en prácticas, en actos de crear, producir y transformar por lo cual el trabajo es una actividad sensorial (Marx, 1975) natural, vital, teleológica e intencional (Ventura, 2013), centro de la creación o reproducción de la sociedad como una totalidad (Bhattacharya, 2017).
La distinción en inglés entre work y labor permite dar cuenta de que el primero comprende a toda mediación natural/social, teórico/práctica, de movimiento y cambio. Labor es una modalidad histórica que en la sociedad capitalista es apropiado y controlado por la relación capital-trabajo (Bakker y Gill, 2019).
Los laboring bodies (Ferguson, 2008) asisten a una expropiación de energías naturales y sociales (Scribano, 2007a) atravesados por diferentes vectores de género, raza y nacionalidad para garantizar la acumulación de ganancia a partir del plusvalor (Arruza y Bhattacharya, 2020). En este marco, el capitalismo conecta bajo una misma lógica los procesos de producción (de mercancías) y de reproducción social (o de producción de personas), estableciendo condiciones de posibilidad para este último. En otras palabras, es posible establecer una correspondencia entre economías tradicionales y hogares extendidos, por un lado y, economías industriales y familias nucleares, por otro (Pantelides, 1974). Parte del trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo en los hogares depende de las circunstancias históricas, geográficas, como así también de los bienes/servicios disponibles, que fueron variando desde la época del “sweating system” que analizó Marx, hasta la actualidad (Pescarolo, 2018).
Desde aquí distinguimos al trabajo productivo (labor) integrado por la clase-que-vive-del-trabajo (Antunes, 2005), que en su heterogeneidad comprende a quienes “venden su fuerza de trabajo, teniendo como núcleo central a los trabajadores productivos” (2005: 91), pero también a trabajadores improductivos -cuyo trabajo es consumido como valor de uso, pero imprescindibles para el capital. El trabajo de reproducción social abarca al conjunto de actividades, afectos y vínculos orientados a mantener la vida de las personas: alimentación, limpieza de la vivienda, socialización en la infancia o la atención a personas mayores (Brenner y Laslett, 1991). Una distinción analítica considera las dimensiones biológicas (gestación, embarazo, parto), cotidiana (limpieza, alimentos, ropa, etc.) y sociales (Ruddick, 1998; Jelin, 2006) del trabajo reproductivo. Las dos últimas pueden ser realizadas en los hogares, de manera comunitaria, desde el Estado (hospitales, prisiones, escuelas), como así también convertido en un servicio ofrecido por el mercado. El desplazamiento del ámbito familiar al social es entendido desde las dinámicas de los hogares: del extendido que cumple diversas “funciones (educativas, religiosas, recreativas, de producción y consumo, etc.) se va pasando al predominio del hogar nuclear, conyugal y aislado, que solo conserva algunas funciones (socialización del niño, ajuste emocional del adulto, consumo, etc.)” (Pantelides, 1974:22). Dicho desplazamiento está acompañado también por las características propias de algunas tareas específicas de la reproducción cotidiana que se pueden comprimir, posponer, superponer, etc. dentro de los límites impuestos por el productivo (Vergara, 2019), en particular cuando los horarios son fijos -asalariadas de jornada completa o dividida-, que mostraron una relación inversamente proporcional entre horas de trabajo productivo y reproductivo (Vergara et al, 2021).
En este contexto, desde el siglo XX como vimos en el apartado anterior, es notable la ampliación del espacio de educación formal para la socialización de niños y niñas.
Estrategia metodológica
El estudio se basó en un diseño metodológico descriptivo e interpretativo, con una estrategia cualitativa, basada en entrevistas semi-estructuradas. Aplicamos un muestreo por bola de nieve, intencional y de máxima variación para identificar a mamás con bebés de 0-2 años de ciudades del interior de la provincia de Córdoba, considerando la heterogeneidad del lugar de residencia, el nivel socioeconómico y educativo de la madre, el tipo de trabajo que realiza y su modalidad. Como criterio de selección de casos establecimos que fueran mayores de 18 años, con bebés de hasta 2 años de vida y que se encontraban trabajando. Realizamos 12 entrevistas semi-estructuradas entre 2021-2024. Las mismas se concretaron en forma presencial o a través de una aplicación de mensajería instantánea de modo asincrónico en localidades pequeñas e intermedias del interior de la provincia de Córdoba (Argentina). En todos los casos se solicitó autorización para grabar y registrar las conversaciones. La muestra quedó conformada por madres entre 24 a 41 años, con nivel educativo secundario completo y algunas con terciario o universitario (tanto completo como incompleto), pero con acceso a espacios de educación no formal como cursos de diferentes temáticas. Al momento de ser entrevistadas 8 de ellas estaban trabajando (como asalariadas y como trabajadoras por cuenta propia) y las otras 2 lo habían hecho. El tamaño de los hogares no superaba las 5 personas y en todos los casos identificamos núcleo completo. El análisis del corpus sigue los lineamientos de la codificación temática mixta o de un enfoque híbrido, que permite identificar aspectos o nodos entre las entrevistas de manera inductiva, combinando las categorías o conceptos teóricos desde donde los relacionamos, diferenciamos e interpretamos.
El guión de las entrevistas se estructuró en torno a las categorías de prácticas y percepciones durante el embarazo, y luego del nacimiento, diferenciando el trabajo reproductivo biológico, cotidiano y social. Dentro de este último, indagamos en el uso de dispositivos móviles o redes sociales, como así también en los casos en que las entrevistas se hicieron a través de mensajería instantánea se solicitó una retroalimentación de dicha modalidad. Para una de las preguntas vinculadas al cuidado del bebé se compartió un meme.
Políticas de las sensibilidades en trabajadoras-mamás
El orden de los términos parece indicar una cronología hecha cuerpo en las biografías de las mujeres entrevistadas, quienes comparten algunas características, tales como el hecho de residir en ciudades pequeñas del interior de la provincia de Córdoba, el convivir con el cónyuge-padre del/la bebé y el estar trabajando al momento de quedar embarazadas. También parece indicar disposiciones corporales que se corresponden con una maternidad postergada. En Argentina entre 2001 y 2016 se incrementó en 6 puntos porcentuales la cantidad de madres mayores a 30 años (CIPPEC, s/d), que en principio parece inscribirse en una tendencia más general donde las mujeres parecen priorizar la consolidación de sus carreras, o sus ingresos de modo autónomo antes de ser madres (Romeu Gordo, 2009). En algunas entrevistadas esta postergación es voluntaria y se corresponde estos hallazgos, pero en otros, resulta de dificultades para quedar embarazadas o problemas como pérdidas de embarazos anteriores (con el consecuente tiempo necesario para “sanar”, como dice una de las entrevistadas, antes de volver a intentar). En la siguiente Tabla 1, sintetizamos las dimensiones de las políticas de las sensibilidades y a continuación introducimos fragmentos de las entrevistadas:
Tabla 1.- Dimensiones de las políticas de las sensibilidades
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Organización día-día (rutinas) |
Preferencias y valoraciones |
Parámetros de organización espacio/tiempo |
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En función de horarios y tipos de trabajo productivo durante el día. En asalariadas esto presenta una rigidez mayor a las trabajadoras por cuenta propia.
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Aceptable: *que otras personas cuiden del bebé *que pareja realice tareas de cuidado (bañarlo, darle de comer, cambiar pañales)
Deseable: *formarse, capacitarse *tiempo para sí
Soportable: *intensidad del trabajo del cónyuge
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Emplazamientos: Hogar como espacio de trabajo productivo o de estudio
Puentes: lo virtual (internet) las conecta con otras ciudades sin salir de sus localidades
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Fuente: elaboración propia
En cuanto a la organización de rutinas, las distintas experiencias dan cuenta límites y posibilidades en función de trabajos que no dejan, aunque sí pueden reducir horas o cambiar de modalidad y también de rutinas propias de los/as bebés:
“Soy lic en Psicopedagogía. Y sí, trabajo en una escuela especial como gabinetista, y doy clases de Psicología en 5°año del nivel medio. (...) [bebé] se levanta a las 9, siesta a las 13 hasta las 16 y a la noche 22.30 ya nos vamos a dormir” (E2, 2022)
“Ahora solo volví 4 hs. al negocio y el resto del día doy turnos [para uñas]. Yo pedí trabajar así. [y a la siesta, ¿te acostas?] Por lo general, doy algún turno para las uñas. Aprovecho que él duerme y lo puede cuidar el padre antes de irse a trabajar…(...) (E3, 2022)
“Trabajo desde casa para [menciona lugar], y es principalmente en las mañanas. Eso me permite organizarme y hacer las tareas del hogar antes de empezar a trabajar. Por la tarde, normalmente no tengo cosas pendientes, así que puedo dedicarme a otras actividades o a mi hijo” (E12, 2024).
“Antes trabajaba todo el día con él, ahora son pocas horitas nomás por el hecho de mi nena… que por ahí se complica, eh... pero sí, trabajo con él” (E5, 2022)
No identificamos mujeres en trabajos con turnos rotativos por lo que observamos una distribución diaria del trabajo productivo y reproductivo, en tanto que, durante las noches, el descanso se realiza en función de las demandas del bebé (tiempos de lactancia, llantos, etc.). En general, el momento del baño a la tardecita/noche busca facilitar el descanso de la familia.
Las preferencias y valoraciones identificadas pueden ser diferenciadas entre lo que se acepta o considera correcto, lo que se desea y lo que se soporta.
En cuanto a lo primero, advertimos una variedad de opciones en relación al cuidado del bebé, pese a que mencionan ser quienes más tiempo están o que disfrutan y quieren estar presentes en este momento de la maternidad:
“Sí, he estado buscando oportunidades para trabajar fuera de casa. En ese caso, le pediría ayuda a una amiga que es mamá y en quien confío totalmente. A ella sí se lo dejaría sin dudar. No me gustaría dejarlo en una guardería todavía, aunque en el futuro, cuando sea un poco más grande, me gustaría que fuera, más que nada para que esté con otros niños” (E12, 2024)
La escasez de opciones dentro del propio hogar nuclear habilita a abrir opciones a un trabajo reproductivo que puede resolverse en el propio hogar con un familiar -abuela, tía, etc- o no, a cambio de una remuneración o no. Los espacios como la guardería aparecen como alternativas después del primer año de vida:
“Al bebé me lo cuida mi sobrina, así que no se me hizo tan difícil dejarlo, me puedo ir tranquila dejándolo con ella y en casa”. (E3, 2022)
“Ahora niñera por la mañana desde hace un año, y ahora estamos en periodo de adaptación en la guarde[ría] por la tarde (...)”. (E2, 2022)
“Mi suegra, vive al lado de donde nosotros tenemos el negocio así que me ayuda bastante con mi nena (…) mi hija va a guardería una o dos horas (…)”. (E5, 2022)
“Yo trabajo desde los 18 años, hace 10 años que estoy en mi trabajo. Me encanta lo que hago, soy feliz viniendo a trabajar, es un momento en el que yo dejo de ser la mamá de [bebé] para pasar a ser [su nombre]. A eso lo sentí mucho cuando volví de la licencia, más allá de que sufría por dejar a mi hijo, más allá de que lo extrañara, yo tuve la suerte y la posibilidad de que [bebé] estuviese con una niñera de confianza hasta el año y medio. Nunca fue una opción dejar de trabajar, porque así lo decidí y [cónyuge] lo respetó, porque creo que es un espacio que yo necesito”. (E7, 2023)
La “guarde” aparece como una opción que mejora la socialización -en especial cuando son primeros/as-, luego de, o en paralelo a que ya se ha delegado el cuidado en otra persona -familiar o niñera-, o cuando no son tan pequeños. Aunque hay excepciones:
“Estuvimos buscando varios años el embarazo así que desde que nos enteramos eh.. obviamente tuvimos que ponernos en plan ahorro y no dejar a [bebé] tan chiquitito porque bueno la verdad que lo tendría que estar dejando con una niñera o en una guarde y después tengo muchas vacaciones pendientes, mi idea es volver el año que viene a trabajar” (E10, 2024)
Esta preferencia por considerar aceptable que otras personas estén a cargo de tareas de reproducción biológica de bebés después del nacimiento incluye al cónyuge-progenitor, no sin tensiones, que pone por momentos la sensibilidad en el plano de lo deseable:
“Estos días los cuido su papá a la mañana porque estaba libre a la mañana” (E4, 2022)
“Cuando le corto las uñas (risas) para que se quede quieta, entonces el padre la tiene con el videito y yo le corto las uñas y se olvida sino, no se puede” (E9, 2023)
“Cuando está en casa me ayuda mucho con la nena es más (risas) hace más las cosas él cuando está en casa de la nena, que yo porque eh… cuando él está en casa yo aprovecho a hacer cosas de casa” (E5, 2022)
“Creo que los hijos son responsabilidad tanto del papá como de la mamá” (E12, 2024)
“Después surgen los nuevos conflictos de cuando ya está el bebé ¿no? de que las tareas no son igualmente compartidas. Yo soy mucho de que ‘ayudame con esto’, de ‘por qué no haces tal cosa’, (...) esas discusiones de pareja de que me gustaría vivir cierta equidad pero bueno, no siempre es fácil lograrlo, él digamos se ocupa un montón del bebé, por ejemplo la mamadera le encanta dársela… a veces lo hace dormir, incluso hay veces que lo hace dormir a la noche y yo ya estoy acostada, eh… pero bueno, eso no quita que la mayor parte del tiempo está conmigo y depende de mí, eh...entonces bueno”. (E10, 2024)
“Más allá del no dormir, estoy feliz de poder ver cada paso que da, de trabajar desde casa y aún poder tener tiempo para mí, como hacer actividad física o salir un rato.” (E12, 2024)
Dentro de lo deseable de las trabajadoras-mamás aparece la necesidad de un tiempo para sí mismas, o para realizar actividades de esparcimiento.
“Siento que todavía no estoy preparada para el segundo [embarazo] (risas), déjenme respirar un poco, quiero aprovechar a que mi nena es un poquito más grandecita, que se quede con alguien más, que no depende tanto de mí, a poder salir un poquito yo sola, sin ella, porque también lo necesito”. (E5, 2022)
“Nos dividimos las tareas del hogar, nos organizamos los fines de semana para salir con amigos sin o con el bebé según toque jaja (un viernes cada uno), vamos al gym cada uno en un horario diferente… Y todo llevó su tiempo, discusiones, acuerdos, desacuerdos... Y es un día a día de negociaciones digamos”. (E2, 2022)
Las negociaciones implican tensiones en la pareja, entre lo que las mujeres consideran apropiado, correcto -compartir la crianza, es decir, correrse del lugar de “amas de casa” y encontrar igualdad laboral y familiar. En este sentido, según los casos aparecen entre lo deseable -aún no logrado totalmente- y lo aceptable. Por ello, la ausencia por motivos laborales parecer soportarse sin mayor margen de acción:
“Él no está nunca, me ayuda en lo que puede pero él no está nunca, entonces prácticamente hago todo yo, lamentablemente (risas) (...) me ayuda bastante, sí, pero no es porque no quiera él, no puede, tampoco puedo pedir milagros, tampoco puedo pedir que venga a las 12 de la noche y se ponga a hacer cosas … está trabajando y gracias a eso tenemos todo lo que tenemos, lo entiendo a él pero por ahí te da bronca y se me pasa, es un rato, no tiene la culpa él, entonces digo calladita la boca porque gracias a dios es una excelente persona, viene a la noche, él no se queja, no fue de reprocharme, es lo que me tocó”. (E5, 2022)
En cuanto a los parámetros de organización espacio/tiempo identificamos un emplazamiento particular en hogar, no en relación al trabajo reproductivo sino a las maneras de reconfigurar el espacio doméstico para la generación de ingresos, ya sea de modo virtual, de modo presencial pero con compras online (tienda) o presencial directamente para la elaboración de alimentos destinados a su posterior comercialización en el comercio que tienen con la pareja.
El hogar también es aula, en los casos en que pueden hacer cursos o capacitaciones a distancia:
“Sí, trabajo en [menciona lugar] desde casa, en el área de comunicación. Somos un equipo, y esto me permite estar con [nombre de bebé]. También manejo redes sociales para otro local”. (E12, 2024)
“Tengo un negocio de ropa en mi casa. Hace poco que abrí. Tengo viajantes así que me salvo de viajar. Es todo virtual, las compras yo hice personalmente la primera compra para ver calidad, precios y locales. Luego una vez que ya conoces es más fácil para hacer compras virtual!”. (E6, 2023)
“Y a la vez hago en mi casa, cuando estoy en casa hago tortas, budín, dependiendo la época, por ahí tortas [para vender en el negocio]. (...) las clases de pastelería por lo general son las clases de Zoom, tengo una clase por semana, por lo general son a las cinco de la tarde más o menos que ahí aprovecho porque ella está en la guarde ya, ehh y aprovecho … entonces y si no la puedo ver queda grabado eso y lo veo a la noche o a la siesta”. (E5, 2022)
Habilitar el hogar para otras actividades implica reconfiguraciones espaciales y temporales particulares: la siesta o la noche, el horario de comercio o cuando hay turnos para las uñas, que dan cuenta de la coexistencia de prácticas, preferencias, horizontes de acción más allá de la maternidad.
Los puentes por otra parte, las conectan con otros espacios, particularmente virtuales donde los intereses orientan las prácticas para expresar y compartir información, como para acceder a recomendaciones específicas:
“Leo un montón de páginas que sigo por Instagram sobre maternidad pediatras que aconsejan sobre la crianza, sobre la alimentación, eso sí leo mucho, pero por las redes sociales”. (E2, 2022)
“Tenía una aplicación que me iba diciendo cómo era el desarrollo del bebé...(...) Tenía que poner la fecha probable de parto y ahí te iba diciendo de cuántas semanas estabas, cómo se iba desarrollando el bebé… (...) ese tipo de cosas te informaba, por ahí te decía qué podía ir sintiendo la mamá, por ejemplo, era normal la acidez, retención de líquidos, ese tipo de cosas decía (…) Creo q la había compartido una chica en instagram y la descargué para probarla”. (E3, 2022)
“Googleás todo (risas) eh… pero demasiado bien. (...) y lo que buscaba en Google, de todo un poco (risas) eh… por ejemplo cuántas horas puede dormir el bebé o sea qué es lo que aceptable o sea, si es bueno que duerma mucho, si es bueno que no se despierte (...) en Google de todo un poco ahora estoy buscando porque está durmiendo con nosotros ... y otra cosa la teta porque sigue tomando teta y ya no doy más entonces estamos investigando la mejor opción, (...) estamos investigando leyendo opiniones de distintas páginas, hay relatos de madres que te dan sus consejos, de todo un poco”. (E5, 2022)
El cuerpo social de estas trabajadoras-mamás se desplaza y conecta, transita espacios nuevos en función de interrogantes y dilemas diarios de la maternidad. Los puentes y los emplazamientos entran en relación con las preferencias y valoraciones y, por lo tanto los horizontes de lo aceptable y deseable se expanden más allá de las costumbres, tradiciones o experiencias transmitidas por sus madres, amigas, vecinas.
A modo de cierre
En este artículo, nos propusimos describir una política de las sensibilidades de trabajadoras-mamás durante la primera infancia de sus bebés, particularmente entre los 0-2 años.
Más acá de los análisis respecto de la oferta de servicios de cuidado, o de una organización social del cuidado, reparamos en primer lugar en un breve recorrido histórico por la presencia de jardines de infantes en la Argentina, que da cuenta a lo largo de todo el siglo XX, de discusiones pero que consolidan el reconocimiento estatal en este siglo, de la atención desde los 45 días en adelante. Si bien no hemos podido acceder a un registro completo de instituciones, la serie 2011-2023 para Córdoba da cuenta de una tendencia sostenida y en aumento de matrícula tanto en ámbitos públicos como privados. En aumento sostenido, concretamente en salas de 3, y con altibajos, y en menor proporción en salas de 0-2.
En este contexto, interpretamos a partir de entrevistas a trabajadoras mamás, cómo se configura cotidianamente la disposición a delegar la crianza, el cuidado, la atención mientras se siguen realizando tareas productivas.
La maternidad, en tanto experiencia importante en sus vidas no se enfrenta de manera excluyente o dicotómica con el trabajo productivo. Estas mujeres perciben, sienten y actúan sabiendo que pueden ser trabajadoras/mamás, porque no son las únicas encargadas de la crianza de sus bebés.
La feminización del trabajo se da en simultáneo a las metamorfosis de este mundo, por lo cual se entrelaza con las prácticas que emergen de las tramas corporales de estas mujeres, que organizan el cuidado, reacomodan sus ocupaciones, pero no se retiran del mundo del trabajo (o lo hacen cada vez menos), el cual por el contrario brinda posibilidades más/menos flexibles.
La expresión “trabajadora-mamá” condensa una disposición primera, prácticamente irrenunciable a trabajar (naturalizando o volviéndose casi más determinista esta condición que propia posibilidad de ser madre), dejando en un plano paralelo o posible la maternidad (que puede llegar o no, tardarse o no, concretarse o no, y si se concreta no desplaza el lugar de trabajadora). Así, el cuidado puede delegarse y habilita ciertas preferencias para que sus parejas también participen de esa crianza, realizan actividades concretas (no solo esporádicas o excepcionales). Por eso los parámetros espacio/temporal tienen y no tienen que ver con la maternidad, dado que sus cuerpos subjetivos e imagen, incorporan para coexistir con otras dimensiones de su existencia: el tiempo para sí, sus intereses; salidas con amistades -con o sin la pareja-, actividades de esparcimiento o deportes; capacitaciones, trabajo, entre otros.
La maternidad aparece en las biografías de estas mujeres como algo maravilloso que marca un antes y un después en muchos sentidos, pero que a la vez se configura como una faceta más de sus vidas, de sus actividades, de sus proyectos. Esta política de las sensibilidades parece corresponderse con la maternidad postergada, con menores tasas de natalidad, hogares de menor tamaño
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